En cualquier producto digital hay una conversación silenciosa que lo define todo: la que ocurre -o no ocurre- entre diseño y desarrollo.
No suele aparecer en los roadmaps. No está en Jira ni en Figma. Pero cuando falla, el producto lo paga caro.
El falso confort de “ya está definido”
Uno de los mayores errores que he visto en equipos de producto es asumir que una definición bien documentada es una definición cerrada. Briefings extensos, historias de usuario detalladas, diseños finales… y aun así, malentendidos.
Porque la realidad es esta: la definición nunca está completa.
Y no debería estarlo.
- El diseño no puede anticipar todos los casos técnicos.
- El desarrollo no puede deducir todas las intenciones de diseño.
- Producto no puede prever todos los escenarios reales de uso.
Pensar que los requisitos son una biblia inamovible no solo es irreal, es peligroso.
El coste real de no hacer preguntas
Cuando diseño y desarrollo no se hacen las preguntas oportunas, el coste no aparece de inmediato. Se manifiesta más tarde, de formas mucho más caras:
- Retrabajo innecesario.
- Soluciones técnicas forzadas para encajar decisiones mal entendidas.
- Experiencias inconsistentes para el usuario.
- Frustración en el equipo («esto no era lo que yo entendí»).
- Pérdida de confianza entre roles.
Y lo más grave: decisiones mediocres que nadie se siente responsable de haber tomado.
Muchas veces no es falta de talento. Es falta de conversación.
Diseñar no es entregar pantallas. Desarrollar no es ejecutar órdenes.
Un producto sólido no nace de una cadena lineal donde uno define y otro implementa. Nace de un sistema donde cada rol aporta su conocimiento para completar lo que otros no pueden ver.
- El diseñador entiende el problema del usuario, los flujos, las decisiones cognitivas.
- El desarrollador entiende las limitaciones técnicas, el rendimiento, la escalabilidad, la deuda futura.
- Producto entiende el impacto en negocio, prioridades y contexto.
Cuando uno de estos conocimientos no entra en la ecuación, el producto pierde.
Los requisitos no son una biblia (y eso es una buena noticia)
Un requisito es una hipótesis. Una solución propuesta en un momento concreto, con la información disponible entonces.
Cuando desarrollo cuestiona un requisito técnico o diseño detecta un problema de uso durante la implementación, no está rompiendo el proceso, está mejorándolo.
Los requisitos deben poder verse afectados por:
- Descubrimientos técnicos.
- Nuevos casos de uso.
- Limitaciones reales de tiempo o presupuesto.
- Feedback temprano.
Un equipo maduro no protege los documentos. Protege el producto.
La definición como espacio compartido, no como frontera
La mejor definición de producto que he visto no es la más detallada, sino la más conversada.
Aquella donde:
- Las decisiones se explican, no solo se documentan.
- Las dudas se formulan pronto, no cuando ya es tarde.
- Nadie siente que «solo ejecuta».
- Cambiar algo no es un fracaso, sino una adaptación informada.
Diseño y desarrollo no deberían encontrarse solo en el handoff. Deberían pensar juntos antes, durante y después.
Preguntar no es señal de debilidad, es señal de responsabilidad
Hacer preguntas incómodas, cuestionar una solución o proponer alternativas no ralentiza el producto. Lo acelera.
Porque evita construir rápido algo que no debería haberse construido así.
Al final, los mejores productos no son los que se ejecutan sin fricción, sino los que sobreviven a buenas conversaciones.
Y esas conversaciones empiezan cuando entendemos que nadie tiene la definición completa, pero juntos podemos construir algo mucho mejor que cualquier documento.